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Todo el mundo (los medios de comunicación los primeros) nos hemos encargado de generalizar lo mal que está la juventud (argumento recurrente de las generaciones de los últimos 30 años), el desastre de la educación, dónde vamos a ir a parar con esa gente teniéndonos que gobernar en el futuro y sus problemas con el ocio.
Pero, por encima de todo esto, la gran guerra contra los jóvenes tiene nombre propio: botellón. Quedadas multitudinarias en espacios públicos para beber, siempre alcohol comprado en supermercados o tiendas de dudoso origen, cuyo único fin parece ser únicamente el de emborracharse.
Sin embargo, los que se hacen cruces son los primeros que en los años 70 mamaban y fumaban (y no precisamente Ducados) sin demasiada mesura. Los que organizaron los primeros festivales musicales donde la bebida oficial no era precisamente el zumo de naranja. Y fueron ellos, pese a todo, los que condujeron la transición, los que voltearon el tejido empresarial nacional y los que le dieron (hasta la actual crisis) un crecimiento progresivo a España.
Seguro que sus padres y abuelos decían que (como cantaba Ismael Serrano) 'la juventud se pierde, ay'. Y seguro que ellos se pillaron unas moñas de impresión en su juventud y que quedaban con sus amigos para beber, pero también para socializarse, conocerse mejor, estrechar lazos y hasta proponer negocios futuros.
Leía la semana pasada en 'XL Semanal' que una profesora se indignaba porque, en medio de toda la generalización sobre la educación actual, ella conocía a chicos que estudiaban, que eran responsables, que querían acceder a una carrera y que pese a ello se iban de botellón.
Quizá deberían recordar los que bebían en la calle cuando era legal que compraban botellas con carnets falsos, pero que su intención era más la de quedar con los amigos que la de cogerse sistemáticamente ciegos sin control.
Es verdad que la gente bebe más lo que debería. Aunque tampoco es menos cierto que no todos se toman ocho copas por noche. También es verdad que hablas igual con tus amigos en un parking que en un pub, pero con la salvedad de que no te cobran siete euros por una copa (con gente en crisis sin poder pagar la hipoteca, los precios de los bares nocturnos son otro tema a tratar).
Y, como queda claro que cuando se ponen los jóvenes pueden ser responsables y que todos hemos salido para beber en algún momento de nuestras vidas, quizá los padres que no hablan claro con sus hijos y los profesores hastiados (muchas veces con razón) podrían inculcarles valores en lugar de criticarles.
Que van a salir y a comprar alcohol igual está claro. Llevamos así 6.000 años. Pero quizá si habilitamos lugares específicos (ya se ha hecho en algunas ciudades) donde no se moleste a los vecinos y se consiga quese limpie lo que se consume, igual ya se está dando un ejemplo de responsabilidad y pulcritud. El mismo que ya ha calado sobre que uno de los que salen no beba para conducir.
El problema es que, con las prohibiciones, la gente joven se rebela. Sea contra el derecho de organización, de manifestación o de pillarse una cogorza en la calle. A lo mejor por eso habría que empezar a tratarles como interlocutores válidos. Y confiar en que, como todos hemos hecho, asuman sus responsabilidades sin dejar de divertirse.
Desde que mi amigo Jaime Pitarch me diera a escuchar, allá por mediados de los años 90, un disco llamado 'Songs of faith and devotion', ya no pude salirme de la senda de admiración al grupo británico Depeche Mode, instigadores del pop electrónico y supervivientes tras 25 años de carrera.
Tenían en aquel momento todo lo que me llamaba la atención como adolescente: una música de una excelsa calidad rayana en la oscuridad, temas sobre preguntas que te haces a los 15 años, un punto sobrecogedor que te atrae cuando estás forjando tu personalidad y, sobre todo, la capacidad de inventar nuevas melodías a cada paso.
Yo empecé por el final (a Jaime le gustaba 'I feel you' y a mí desde el inicio 'Walking in my shoes'), pero tuve la suerte de poder ir haciendo retrospectiva sobre sus trabajos anteriores. Sucedió como cuando ves el capítulo de una serie, te engancha y tienes la suerte de que es la quinta temporada, con lo que puedes verte del tirón las cuatro anteriores.
Así descubrí el '101' (un directo ante 200.000 personas en el Rose Bowl de Pasadena), el 'Violator' (en mi opinión, uno de los mejores discos melódicos de la historia de la música) y toda la retahíla anterior llena de religión, represión, travestismo, uñas y ojos pintados, drogas y hasta intentos de suicidio.
De esa manera, además, me di cuenta (como le ha ocurrido a muchos neófitos después de mí) de que conocía más canciones de las que creía. Si alguien no ha oído nunca a los de Basildon, que busque en Youtube 'Just can't get enough', 'Enjoy the silence', 'Personal Jesus' o 'It's no good' y enseguida sabrá a quién tiene cara a cara.
Sin embargo, no pude hasta hace dos años verlos por primera vez en directo en Torrevieja. Y, aunque fue un gran concierto, el que creo que marcará mi imagen sobre ellos fue el del pasado jueves en un pabellón de la Feria de Muestras de Valencia. Un recinto cerrado, oscuro, con 12.000 personas entregadas. O sea, a su total medida.
Allí me di cuenta de muchas cosas: que, al llevar 25 años de carrera, había representantes de varias generaciones; que todos ellos iban porque eran fans y no porque fueran a escuchar al grupo de moda, con lo cual conocían las canciones y se entregaban como en pocos directos he visto hacerlo y que, a pesar de las décadas transcurridas, su puesta en escena, sonido (de los más limpios que he escuchado jamás) y compromiso era brutal.
Sensibilizados con su historia, tocaron además la mayoría de sus clásicos (que son tantos que no caben en un solo concierto). Hubo tres canciones de su nuevo disco, pero también aparecieeron por allí 'Never let me down again', 'A question of time', 'World in my eyes', 'Policy of truth', 'Stripped', 'Behind the wheel', 'In your room' y muchas otras.
Pero, por encima de todo, demostraron su honradez en dos aspecto. El primero cantando caras B como 'Dressed in black' o 'Fly on the windscreen', desconocidas para el gran público pero himnos para la gente que ha escuchado sus discos de arriba abajo. Y, sobre todo, en el segundo.
Finalizaron su actuación con 'Personal Jesus' y, a los cuatro minutos de canción, el cantante David Gahan hizo la señal de parar de tocar. Se habían equivocado en un compás y la gente lo había notado, así que en lugar de acabar rápido pararon, pidieron disculpas, iniciaron de nuevo la canción y volvieron a hacer saltar y cantar a los asistentes como si nada hubiera pasado.
Ignoro si había, además de ellos, algún componente de algún grupo en la sala, pero por la lección de entrega, amor a su público, elección acertada de las canciones y cojones para hacer lo que hicieron para un servidor quedaron encumbrados al olimpo de los grandes directos. Sólo espero que las palabras de Gahan sean ciertas. 'See you next time'.
Ojalá
En cualquier lugar del mundo, los políticos siempre se llenan la boca de libertades y derechos. Incluso en los comicios que acaban desembocando en dictaduras o en aquellos que parecen aperturistas tras un régimen enterior coartante.
Ha ocurrido y sigue ocurriendo mucho en la parte central y sur de América. Allí (al margen de Chávez), los aperturistas estilo Lula, Kirchner o Evo Morales traían en teoría mejoras para sus países, pero sobre todo para que la libertad de información permitiera a sus ciudadanos tener capacidad de opinar y, por lo tanto, de utilizar su voto para algo más que legitimar en el gobierno a señores por unos inamovibles cuatro años.
Curiosamente, gran parte de su impulso social, de la imagen proyectada durante sus campañas, de la difusión de sus propuestas y en definitiva de que hasta en los rincones más recónditos de sus territorios se sepan cosas de ellos suele venir asociada a unos ciudadanos escuchando una pequeña radio a los pies de los Andes o viendo una televisión con una antena pegada con cinta aislante en una favela de Rio.
Sin embargo, sucede lo que siempre suele suceder cuando uno llega al poder. De repente hay gente que le dice lo que no le gusta escuchar y, como se creen reyezuelos más que gobernantes del pueblo, comienzan a callar bocas ante el miedo a perder ese sillón a cuyo apego de sus antecesores tanto criticaban.
Es por ello que muchos periodistas son perseguidos. Algunos, hasta encarcelados. Se cierran periódicos, televisiones y radios sistemáticamente. Y más de uno recibe amenazas. Todo porque suele ocurrir el denominado 'efecto espejo': yo te critico porque tengo algo dentro muy parecido a tí que no me gusta, pero luego me convierto en aquello contra lo que había peleado.
Personalmente, no creo que tuviera la valentía de muchos de ellos para pelear sabiendo que mi puesto de trabajo y hasta mi vida podrían estar en juego. Por eso admiro a los que, pese a todo, se montan una emisora pirata en las montañas para seguir luchando porque la gente conozca la verdad. Aunque, como siempre, a las personas con poder y poltrona no les guste que se la digan. Es más bonito que te den palmaditas en el hombro.
Hasta que te clavan el puñal
Al margen de que en estos momentos viva el instante económico más acuciante de su historia, el actual Valencia Basket Club y clásico Pamesa siempre se ha caracterizado por fichar mucho (muchísimo, en algunas ocasiones), por las buenas críticas hacia esas incorporaciones hechas en teoría con mucho sentido y por los palos inmisericordes a esa gente a los dos o tres meses de su llegada, cuando aparentaban haber perdido cualquier noción previa de lo que supone jugar al baloncesto.
En su día se fichó a Leo Mainoldi como la gran promesa argentina. Se le dio casa, un sueldo, se le entrenó y tuvo (pocas, eso sí) oportunidades con el primer equipo. Hoy no es el jugador de primer orden que se esperaba, pero el Ayuda en Acción Fuenlabrada (equipo revelación de la ACB) se aprovecha perfectamente de sus 24 años, su 2,02 y su amplio margen de mejora.
Alguien vio también, en algún momento, que un 'mostrenco' de 20 años y 2,17 llamado Stanko Barac podía crecer en la capital del Turia, Pero como no fue decisivo desde el inicio, la gente se rió de él, sus entrenadores fueron incapaces de sacarle rendimiento, se le traspasó y hoy juega al lado de Tiago Splitter en el Caja Laboral. Sobran los comentarios...
De la generación de los Rodilla y Luengo mucha gente supo cosas de su sucesor Rubén Burgos, pero poca se acordó de un pívot nacional llamado Jesús Fernández (y conocido como El Búho). Uno de esos que no destaca pero que cubre cuotas, da minutos de calidad mientras descansan los americanos que traes por una pasta y luego te tangan en el finiquito y encima es tan buen profesional que con 34 años sigue en activo. Desde que dejó la zona de Levante no ha parado de jugar y entre sus plazas figuran el citado Fuenla o el Granada.
Cierto es también que durante sus muchos años en la Fonteta no rindió casi ninguna vez como se esperaba de él Albert Miralles, pero no es menos verdad que venía con un cartel inmejorable. Las culpas se reparten entre club y jugador, aunque ahora resulta que comparte pintura y buenos números en Donosti con otro gran ex, Bernard Hopkins.
Pedro Llompart (actual base del Meridiano Alicante), Robert Archibald (que duró siete partidos hasta que lo cortaron en su segunda temporada y tras triunfar en el DKV Joventut ha recalado en Unicaja), Jose Paraíso (que nunca fue lo decisivo que se esperaba), Mindaugas Timinskas (que aportó mucho menos que en otros clubes), Dimos Dikoudis (no comment, ni sobre su rendimiento ni sobre la peña que lo fichó tres veces), Tanoka Beard (estaba loco pero aquí lo acrecentó), Shammond Williams (antes de Valencia era bueno) o Rubén Douglas (antes de llegar metía triples) son muchos más ejemplos de lo que se ha tenido en el conjunto (hasta este año) presidido por Juan Roig y que no se ha sabido aprovechar.
Sin embargo, los perfiles bajos sí que triunfan en tierras levantinas. Lo hizo Reggie Fox, sorprendió Joshua Grant, se hizo estrella Arron Swinson, estuvo a buen nivel un ya mayor Derrick Alston, hizo todo lo que pudo Albert Oliver y ahora destaca el hasta hace poco desconocido Matt Nielsen.
De los buenos lo hicieron bien Oberto, Tomasevic, Montecchia, Rakocevic y mucho antes Brad Branson, Johnny Rogers y pocos más, así que habrá que analizar en esta nueva etapa qué ha ocurrido durante 15 años para intentar que no vuelva a pasar. Sobre todo porque ahora no habrá dinero para buscar una solución fichando cada vez que te encuentres con un problema.
Cualquier impacto mediático de alta dimensión viene acompañado de un seguimiento implacable y diario de la gestión de su protagonista. Ha pasado ya con Raúl, Leo Messi, John F. Kennedy, Michael Jordan, Mike Tyson, Whitney Houston o las hermanas Olsen y, en mayor medida, empieza a pasar con Barack Obama.
Ser el primer presidente negro de la historia de Estados Unidos, uno de los más jóvenes, haber tenido la inteligencia de incluir las nuevas tecnologías en su campaña y 'mojarse' con una serie de promesas importantes para sus compatriotas ha derivado en su consideración como uno de los iconos del siglo XXI.
Ahora, ocho meses después de su elección comienzan a llegar (algunas con razón, otras sin ella) las primeras críticas hacia su persona: por el hecho de no haber cerrado la prisión de Guantánamo, por no haber entrado todavía 'a saco' en la mediación entre Israel y Palestina, por no aportar opciones nuevas en las cumbres de G-20 para que la Tierra no se vaya a la mierda biológicamente hablando...
Sin embargo, algo tan común como el posicionamiento periodístico y personal a favor o en contra de un mandatario electo quizá debería buscar unas miras algo más alargadas, pues si se escoge a alguien para hacer cambios o iniciar su sustento en cuatro años normalmente significa que es más complicado de lo que parece hacerlo en menos tiempo. Y más si hablamos de una primera legislatura.
Obama ha intentado cerrar Guantánamo. Todavía no lo ha hecho por una serie de cuestiones burocráticas y diplomáticas, pero al menos él sigue afirmando que lo hará. También ha recibido a los principales líderes mundiales, sin distinción alguna racial (obviamente) pero tampoco de creencias políticas o religiosas. Incluso ha tenido los coj... de plantarse en el Congreso y plantear que va a sacar adelante una Ley Pública de Sanidad, donde si alguien se rompe una pierna en USA no le cueste 34.000 dólares que se la operen en un hospital.
Además, por muy rápido que vaya no van a desaparecer de repente los lobbies empresariales ni los de opinión. Y es inteligente no atacarlos de un plumazo, sino ir minándolos con medidas gubernamentales que les vayan restando poder. También es cierto que muchas veces el Estado acaba plegándose a sus exigencias, pero no creo que haya un país donde eso no ocurra.
Quizá por ello haya que esperar un año más para valorar en su justa medida el impacto de Obama en la sociedad estadounidense que se ha propuesto crear. Porque, más que nadie en el resto del planeta, los que quieren una mayor prosperidad para su nación son aquellos que le votaron y que seguramente dejarán de hacerlo si ven en él a un político común que promete y no cumple, como la mayoría de sus homólogos.
Cuando Bancaja (de eso ya no hay duda, de que fue Bancaja) otorgó a Manuel Llorente la gestión de la crisis económica del Valencia Club de Fútbol, el sentir popular fue el de que a nivel ejecutivo el ex Consejero Delegado de la entidad era el hombre adecuado.
Con una deuda galopante, contratos estratosféricos, un estadio en construcción pero parado, necesidad de realizar cesiones y traspasos, más necesidad aún de 'colocar' las parcelas de Mestalla y, en definitiva la puesta en marcha de un plan de viabilidad, todo parecía indicar que solamente él podía salvar la nave blanquinegra.
Sin embargo, varios aspectos se 'dejaron pasar' ante los numerosos problemas de la institución: su pasado enfrentamiento con Benítez, sus renovaciones millonarias a futbolistas que dejaron de rendir inmediatamente, su discreta gestión del dinero de los cuantiosísimos traspasos de Gerard, Farinós, Mendieta y Claudio López y su contrato blindado (que, pese a las restricciones, se ha vuelto a repetir).
Es innegable la capacidad económica, de ahorro y de persuasión del actual Presidente valencianista, pero igual de innegable es su escasa propensión a la empatía con determinadas personas o circunstancias, donde su criterio o la razón de la falta de dinero le impiden ver que un equipo de fútbol es mucho más que una empresa.
Por ejemplo, si anuncias (porque lo anuncias tú) que vas a mejorarle el contrato a uno de tus futbolistas jóvenes más resolutivos, por mucho que tu entorno te presione no puedes decirles 24 horas de una reunión fijada con antelación que ahora no hablamos del tema.
También podría entrar en esta tesitura el hecho de presentar a tu equipo femenino (al que no das dinero alguno, algo aceptado por ellos de inicio) junto al resto de las equipaciones oficiales y luego negarles jugar en Paterna a una semana del inicio de la Liga. Aún ignoro los costes de abrir Paterna esos días, pero quizá si pusieran una tienda oficial móvil a lo mejor hasta recuperaban lo invertido, amén de reclutar aficionados para el futuro.
Como colofón, quizá por el tiempo que pasó sin ostentar el cargo se olvidó que no se arreglan muchas cosas criticando al entrenador en público, aunque luego se disculpe en privado. Simplemente haciéndolo al revés evitaría polémicas innecesarias y seguramente tendría mucho más arrimadas a su ascua a las fuerzas deportivas de la entidad.
Está clarísimo que, en el apartado económico, Llorente es la persona ideal para salvar al Valencia de una situación límite. pero quizá debería aprender de los errores pasados o dejarse asesorar para hacer ver a su gente que también hace las cosas con el corazón y no solamente con la cabeza.
Por estos azares de la vida que habitualmente suelen ocurrir, mi amigo Roben Koudsi decidió celebrar su cumpleaños en un restaurante (desconocido para mí hasta entonces) llamado La Pitanza, enclavado en pleno Barrio del Carmen de Valencia en la intersección de la Plaza del Tossal con la calle Quart.
De aquella mesa conocía a todos los comensales excepto a Hugo y Soraya, que resultaron ser los anfitriones (el primero por regentar el local junto a su madre y su hermana y la segunda por ser su novia). Aquí llega una de las claves que luego analizaremos, la del tema familiar.
Debo decir que no solamente probé unos entrantes abundantes, con buena presentación y servidos con celeridad, sino que me sorprendió la amabilidad del servicio (y no sólo porque el 'jefe' estuviera con nosotros), su variada y original carta de vinos y, sobre todo, la posibilidad de disfrutar de hasta tres arroces distintos, un pescado o una carne como segundo plato.
Debo decir, en honor a la verdad, que tras este episodio mi contacto y amistad con Hugo Mira creció. Pero este post no viene derivado de eso (puesto que he vuelto cuatro veces y pienso seguir haciéndolo a comer y a cenar allí), sino de una característica inexistente hasta la fecha que La Pitanza aporta.a una de las zonas más populares de la capital del Turia.
En El Carmen puedes (podías en alguno de los casos) probar un japonés exquisito, buscar bocaterías perdidas con 100 bocadillos en carta, encontrar tapas de una imaginación desbordante, lugares donde los mejillones al vapor son una religión, bodegas especializadas en embutido de calidad o pequeñas joyas de cocina italiana.
Sin embargo, nadie hasta ahora se iba a Mercado Central y te ofrecía rebollones del día, o te hacía un arroz meloso con langostinos y alcachofas en 40 minutos o incluso preparaba como si te cocinara tu abuela unos garbanzos aderezados por el toque picante de los erizos de mar. Y nadie (que yo sepa) ha encontrado y oferta a sus clientes mistela tinta.
La autenticidad de este restaurante radica en eso y en lo que se hace con eso. Es decir, por algo similar otros pueden hacer que no bajes de 40 euros por persona en la cuenta. Aquí, tu balance estará entre los 24 y los 30 euros. Eso también es honestidad. Y así les va de bien
Desde ayer Carrefour ya no ofrece a sus clientes bolsas de plástico para cargar con sus compras hasta sus coches o sus casas. En una campaña cortísima (en comparación con otras cuyas medidas eran similares) y muy contundente, ha borrado de un plumazo lo que venía haciendo durante los últimos 30 años.
El motivo, según la empresa gala (que, al parecer, es la única que se ha atrevido a tomar esta determinación aunque otras como Opencor estén sopesando seriamente seguirla) es que no hay forma humana de que estos envases se descompongan, lo que afecta sobremanera a la atmósfera y no te digo ya a las tortugas y peces que se las tragan porque creen que son medusas.
Hasta ahí estamos de acuerdo, porque por fin parece que algunas personas jurídicas están comenzando a cuidar ligeramente el planeta, aunque en algunas ocasiones sea más una pose comercial que una verdadera preocupación (no son las bolsas lo único que contamina de las actividades de los supermercados mayoristas).
Sin embargo, no acabo de comprender lo que me comenzaron a inculcar hace una década. En aquel momento, los envases de vidrio (un material igual de reciclable) de las botellas pasaron a ser de plástico y se inundó España de contenedores amarillos para depositar los 'restos'.
De este modo, decían, se reciclaba el material y se volvía a utilizar, con lo que la teoría apuntaba a que no habría que fabricar más plástico porque reusaríamos el mismo una y otra vez, tal como ocurriría con los recipientes verdes para el cristal y los azules para ese papel que permitiría que se acabara la tala indiscriminada de árboles.
Y resulta que ahora, que pongo la basura en cuatro bolsas diferentes en mi casa (de plástico, por supuesto, aunque vierto su contenido en el verde y luego la enchufo en el amarillo), resulta que ni podré ponerlas ahí ni podré usarlas para llevar mi compra ni podré (entiendo) reciclarlas, porque si no hay, ¿qué c... vamos a reciclar?.
Esto me recuerda a cuando el aceite de oliva era veneno en los años 50 y ahora es la clave de una dieta cardiosaludable o cuando las bacterias eran bichos malos en los libros de EGB y ahora estás presentes en cualquier yogur beneficioso para nuestro organismo.
¿A quién le interesa que se retiren las bolsas de plástico?. ¿A quién se le ha dado la concesión para hacer las nuevas, biodegradables?. ¿En qué quedan los millones de euros invertidos en los contenedores amarillos y las plantas recicladoras que pueblan nuestro país?. ¿Y los empleos, también van por el aire o los reciclan?.
Lo dicho, sea antes o ahora, nos toman el pelo como les da la gana.
Ha sido Franck Vanderbroucke el último en caer con... 31 años!. Antes que él, gente como Marco Pantani o el 'Chaba' Jiménez corrieron la misma suerte. De todos dicen (porque luego nunca se expuso públicamente) que los fármacos y las sustancias toxicas no naturales aceleraron el proceso, pero aun así eran jóvenes, estaban en plena forma física y pasaban pruebas médicas cada tres meses.
Sin embargo, no había ansiolíticos ni drogas en Antonio Puerta, en Miklos Feher, en Marc Vivien Foe, en Sixto Rojas, en Serginho, en Hugo Cunha, en Mohamed Abdelwahab, en Dani Jarque, en Florence Griffith.. Pocos pasaban de los 30 años y la mayoría de ellos no tenían segun los galenos dolencia ninguna.
Hay cosas hoy, en pleno siglo XXI, que son imposibles de detectar médicamente. Ahí los doctores no tienen ninguna culpa porque no pueden hacer más de lo que hacen. Como máximo pueden optar por la prudencia, como en el caso de Rubén de la Red o como deberían hacer con el futbolista francés Gomis, que ha sufrido dos desvanecimientos en el año 2009.
Pese a ello, la mayoría de estas muertes (antes hubo muchas, pero no tan seguidas ni tan localizadas en el mundo del deporte) coinciden con el auge multivitamínico-dopante de los últimos 20 años. Se ha demostrado (digan lo que digan) que en todas las disciplinas se aprieta al máximo con la nutrición, pero solamente con eso no se puede llegar al ritmo de competición actual.
Los que han hecho ciclismo saben que no es posible hacer 200 kilómetros diarios durante 21 días casi sin descanso basándose solamente en ensaladas, pasta y fruta. Los propios jugadores americanos de la NBA son los primeros que exigen que no se les haga un control antidopaje cuando acuden a los Juegos Olímpicos. Los propios futbolistas (ahí queda el vídeo de Cannavaro o la transformación física de Del Piero) también 'sufren' los experimentos de los complejos de mejora de rendimiento que les van suministrando. Y así en cualquier deporte del que podamos hablar.
No hablaremos ya de que, si todo el mundo tiene 'ayudas', al final los buenos seguirán ganando a los menos buenos (lo que podría hacer pensar en un consenso para retirar toda esta locura de sustancias y volver al deporte original, porque las diferencias las sigue marcando el talento). Pero sí cabría hacer una reflexión en torno a lo que está ocurriendo.
Si con un medicamento hay que pasar años (lustros, en ocasiones décadas) para probarlo en animales, probarlo en humanos, establecer reacciones adversas y medir las posibles contraindicaciones a corto y largo plazo, ¿cómo la gente puede introducir sustancias de nueva creación en el cuerpo de los deportistas, sin saber lo que les pasará dentro de 1, 5, 10 ó 20 años?.
La teoría de un blog es muy sencilla y la práctica médica muy complicada, pero ojalá todas las muertes mencionadas arriba se hayan debido a unos problemas imposibles de detectar y no a las consecuencias de la exposición a productos dopantes sin control temporal posible.
Muchos de mis compañeros, como es el caso de Miguel Ángel Vara o Nacho Sapena, han tocado ya en sus blogs el tema de los enfrentamientos entre los medios de comunicación, fruto en algunos casos de filias personales y en otros de conflictos entre empresas.
A este segundo supuesto me quiero referir hoy, pero aumentando el territorio hasta abarcar toda España y centrando la reflexión en la sección de deportes de cada uno de los informativos que las 'grandes' cadenas emiten a diario para 'informar' a sus espectadores.
No entraré en el clásico tema de si es más noticia que Raúl tropiece con un cono que Villa vuelva a marcar con la selección. Al final, si este país no fuera en gran parte madridista el diario Marca no sería el periódico más vendido, así que esto es lo que hay.
Sin embargo, sí quiero referirme al patetismo que destilan muchos editores y jefes de redacción, que no solamente hacen gala de una gran escasez de miras sino que además privan a sus espectadores de colocar noticias importantes en minutos importantes.
Vaya por delante que, como amante de los deportes en general y no solamente del fútbol, posiblemente el resumen más completo de la actualidad deportiva lo de Televisión Española. Sí, es cierto que es la pública y debe hacerlo, pero es que además lo hace, incluyendo pruebas de vela, de hípica o de atletismo que el resto se dedican sistemáticamente a ignorar.
Por el resto me refiero, básicamente, a Antena 3 y Tele 5. Y no es porque solamente les interese el fútbol y poquito más. Es, sobre todo, por la rabieta que exhiben constantemente cuando no hay más remedio que hablar de deportes cuyos derechos de retransmisión no les pertenecen.
Es vergonzoso que si Fernando Alonso vuelve a hacer un podio después de muchos meses y tú has sido la tele oficial de la Fórmula 1 en los últimos cinco años, como quien lo da el La Sexta lo metas después del resumen del Numancia-Espanyol, mientras el año anterior hubiera incluso abierto el informativo general.
Lo mismo se puede decir de los resúmenes de la Supercopa o la Europa League, que pueden tener más o menos trascendencia pero a cuyos equipos no se puede ningunear porque sus partidos los emita en directo el de al lado y no uno mismo.
Al menos los recién llegados, Cuatro y La Sexta, lo disimulan un poquito mejor. Podrán hacer las cosas bien o mal, pero apuestan por darle mucho tiempo en sus noticiarios al mundo del deporte y además lo diversifican. No sé si les durará mucho, pero supongo que como yo mucha gente estará hasta las narices de que le tomen el pelo y la traten de tontita.