Ya que le has pagado el Master, déjale al menos examinarse
Hay mucha gente que dice, con cierta razón, que a entrenar al Valencia se tiene que venir aprendido. Que un vestuario, una prensa y un club de ese calibre no pueden dominarse ni moldearse sin experiencia y que ése ha sido el gran error que ha hecho que el equipo de Unai Emery no se haya clasificado para la Liga de Campeones.
Sin embargo, antes de criticar al técnico (todos lo hemos hecho en algún o algunos momentos de la temporada) habrá que analizar la situación de este año y la que puede llegar en los venideros. Comencemos por lo negativo, que muchas veces ha sido más evidente.
Unai ha aprendido sobre la marcha, muchas veces de forma tardía como en la decisión de concentrar al equipo antes del choque frente al Villarreal y no en el del Atlético o el Espanyol. Ha traicionado en demasiadas ocasiones su discurso inicial de jugar con un sistema definido. Sabiendo que las prestaciones de los jugadores veteranos no eran las mejores, no se ha atrevido a salir a los partidos importantes sin ellos. No ha sido capaz de encajar las críticas y se ha mostrado cada vez más cerrado, irónico y plano con los medios de comunicación. Ha permitido que futbolistas como Joaquín, Miguel y Morientes caigan en la desmotivación y no aporten absolutamente nada cuando están en la cancha. Ha inventado laterales derechos e izquierdos cuando tenía a algunos puros (aunque de menor calidad) en la plantilla. No ha sabido trabajar los conceptos defensivos y se ha plantado 18 jornadas consecutivas recibiendo goles. Fue cabezón con Zigic, no quiso tenerlo en la plantilla y lejos de Mestalla ha enchufado 13 tantos. También lo fue con Maduro pero éste no se fue y luego resulta que le ha salvado el culo en más de 15 ocasiones. Y, por encima de todo, muchas veces ha querido explicar cómo estaba el equipo a los aficionados como si fueran tontos, reiterando un discurso que no se creía nadie.
Pero a sus debe se unen algunos haber que indican que podría ser un técnico válido. Consiguió que el fútbol del equipo fuera espectacular en algunos momentos de la temporada. Ha rehabilitado para el club un activo tan importante como Manuel Fernandes. No le tembló el pulso a la hora de cargarse a un problema serio en el vestuario como Iván Helguera. Cuando ha dispuesto de cuatro hombres en la zaga durante varias semana consecutivas (casi todos se han lesionado en algún momento del año) las prestaciones defensivas han mejorado. Con él y su preparador físico, Rubén Baraja apenas sí se ha lesionado cuando en los últimos tres años no podía jugar 10 partidos seguidos. Gestionó con lógica el tema de Hildebrand, porque el alemán ya no quería estar en la capital del Turia. Ha sabido rectificar y, tras crucificar a Pablo Hernández, lo ha convertido en un gran activo a final de campaña. Y ha ido iniciando al canterano Míchel en un papel que tiene que ser importante en los próximos años.
El colofón a esto es, sin duda, que difícilmente el club encontrará en el mercado un entrenador que ya conozca su idiosincrasia y sus entresijos, que acepte no jugar Champions y sepa que le pueden vender a todas sus figuras y que, aún así, esté deseoso de sentarse en el banquillo de Mestalla.
Es verdad que se ha equivocado mucho, aunque tampoco es menos verdad que en muchos partidos Mata, Silva, Villa y Mata se han plantado solos delante de la portería y no han marcado goles que podían haber cambiado el curso de algunos encuentros. Así que habría que abogar por quedarse con este técnico. Porque es verdad que está aprendiendo, pero posiblemente el año que viene pueda plasmar todo lo que este ejercicio ha ido interiorizando.
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Defender a Unai se hace difícil por culpa de los bandazos tácticos que ha dado.